La retransmisión en directo en relación con actividades culturales comenzó con iniciativas como la del Liceu de Barcelona. Quiso acercar la ópera al público en general impulsando un programa que consistía en retransmitir en la playa representaciones en directo. El mundo del deporte ha llevado el fútbol a las salas de cine. La fórmula 1 se ha visto a través de las pantallas gigantes en plazas y espacios públicos, etc. Los organizadores de todo tipo de eventos quieren acercar sus actos al mayor número de espectadores posible. Esta fijación ha llegado a los museos. Este es el caso del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), que siempre ha apostado por grabar sus actividades y por su divulgación a través de su portal web. La llegada del streaming, software que permite ver sin descargar, ha revolucionado el mundo de la retransmisión audiovisual. Instituciones como el Liceu, el CCCB o eventos privados como el Social Media Point se han volcado a utilizar esta nueva tecnología. Como también se ha consolidado el uso de las redes sociales tanto para su difusión como para su interacción. El Twitter se ha convertido en un espacio real y efectivo de participación. De hecho, la combinación de streaming y Twitter es una herramienta con la que los organizadores han integrado al público virtual al evento. El éxito de este tándem podría llevar a situaciones insólitas: por ejemplo, ¿qué pasaría si una conferencia tuviera una asistencia presencial de tres personas y virtual de trescientas? ¿Sus organizadores y los patrocinadores lo considerarían un éxito o un fracaso? El uso de las herramientas 2.0 aún no ha conseguido ser vinculante para la valoración de actividades culturales. ¿Hasta cuándo?

Frederic Santa-Olalla Rovira

@singafapasta

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